Más de 95% de mujeres viven en una economía sin plena igualdad jurídica. Incluso en empresas que han modernizado sus leyes, las mujeres se enfrentan a enormes limitaciones frente los hombres.
Es asombrosa la estadística: en la actualidad, un porcentaje alarmantemente alto de más del 95 % de las mujeres en todo el planeta reside en economías en las que no gozan de plena igualdad jurídica. Aún peor, no hay una sola economía en el mundo que haya asegurado los derechos legales fundamentales para que las mujeres puedan lograr una participación económica completa y efectiva.
Aunque algunas economías han intentado modernizar sus leyes, las mujeres siguen enfrentándose a innumerables limitaciones, lo que obstaculiza no solo el tipo de empleo que pueden desempeñar, sino también los negocios que pueden soñar con iniciar y la seguridad que tanto necesitan para aventurarse a buscar nuevas oportunidades en el vasto mundo laboral.
Cuando se observa de más cerca, la desigualdad se hace aún más evidente. Las leyes actuales otorgan a las economías una puntuación media de apenas 67 sobre 100 en el índice Mujer, Empresa y el Derecho del Banco Mundial, que evalúa las leyes que favorecen la igualdad económica de las mujeres. Esta puntuación indica que las mujeres solamente tienen acceso a dos tercios de los derechos económicos que se otorgan a sus homólogos masculinos. Aun así, cuando se analiza la aplicación real y efectiva de estas leyes, la calificación media se reduce increíblemente a 53. Y si se examina la adecuación de los sistemas necesarios para implementar con éxito esos derechos, la puntuación baja dramáticamente a tan solo 47.
Las repercusiones de esta situación trascienden la mera equidad de género. En una época caracterizada por un crecimiento económico global que languidece y una presión demográfica en ascenso, marginar a las mujeres en el ámbito económico no solo es una injusticia flagrante, sino también un acto que atenta contra el propio progreso. Numerosos estudios han demostrado que cuando las mujeres tienen la oportunidad de trabajar, liderar e innovar, las economías experimentan un aumento significativo en su productividad, las empresas empiezan a demostrar un mejor rendimiento general, y las sociedades avanzan hacia una mayor resiliencia. La inclusión de la perspectiva de género no solo fortalece los mercados laborales, sino que también impulsa la productividad y promueve un dinamismo económico vital. En diversas partes del mundo, como en el sur de Asia, podría de hecho ser la mejor estrategia para incrementar el potencial de crecimiento económico sostenido.
Las regiones que han bloqueado la contribución de las mujeres a su economía —como Oriente Medio, el Norte de África, Asia Meridional y África Subsahariana— continúan imponiendo algunas de las restricciones legales más severas que obstaculizan la plena participación económica femenina. Paradójicamente, estas áreas también son aquellas donde la población de jóvenes está creciendo a un ritmo vertiginoso. Sin reformas inmediatas y necesarias, millones de mujeres jóvenes permanecerán al margen de la fuerza laboral en el preciso momento en que estas economías más necesitan aprovechar su talento y capacidad. El coste de no actuar, de permanecer inactivo ante este problema, es realmente abrumador.
Son varias las barreras que persistentemente dificultan la completa participación de las mujeres en las actividades económicas. La seguridad es un factor clave: cuando las protecciones contra la violencia son mínimas o se aplican de manera ineficiente, las mujeres se ven impedidas de trabajar, de viajar libremente e involuntariamente se ven limitadas en su participación en la vida pública. El acceso al cuidado infantil representa otro obstáculo monumental: en países de bajos ingresos, los marcos de apoyo esenciales para el cuidado infantil solo existen en un escaso 1 %. Sin un cuidado infantil fiable y asequible, las madres se ven atrapadas en dilemas imposibles donde deben reducir sus horas de trabajo, rechazar oportunidades prometedoras o incluso retirarse por completo del mercado laboral.
Convertirse en emprendedora debería ser un camino claro hacia la independencia económica y la innovación. Sin embargo, las mujeres aún se enfrentan a poderosos obstáculos para acceder al crédito, los mercados y para ejercer libremente sus derechos económicos. Aunque la capacidad legal para iniciar un negocio es casi universalmente reconocida, solo cerca de la mitad de las economías globales proporciona acceso igualitario a la financiación. Sin el capital necesario, los negocios dirigidos por mujeres no pueden crecer, no pueden generar empleo, no pueden innovar ni pueden contribuir plenamente al desarrollo económico de sus comunidades.
A pesar de todo esto, es alentador reconocer que se están logrando ciertos avances y, en algunos lugares, estos avances están ocurriendo con velocidad inusitada. Entre los años 2023 y 2025, un total de 68 economías han implementado hasta 113 reformas dirigidas a ampliar las oportunidades económicas para las mujeres. Los gobiernos han fortalecido las protecciones contra la violencia, han extendido las licencias por maternidad y paternidad, han elevado los estándares de cuidado infantil, han garantizado la igualdad salarial y han eliminado restricciones al empleo femenino. Países como Egipto, Jordania, Madagascar, Omán y Somalia han hecho progresos notables hacia el desmantelamiento de leyes discriminatorias. Estas reformas prueban que el cambio no solo es posible, sino que es inevitable cuando la voluntad política se alinea firmemente con las urgencias económicas apremiantes.
No obstante, de manera general, el progreso sigue siendo decepcionantemente lento y desigual. Si verdaderamente los formuladores de políticas pretenden desbloquear el crecimiento económico, deberían proceder de inmediato a completar las reformas legales que aún están inconclusas y eliminar cualquier disposición que sea discriminatoria y que continúe vigente. Además, es esencial que se proceda a la aplicación estricta de estas leyes, para que los derechos otorgados por la legislación se traduzcan en protección efectiva y en oportunidades reales en el día a día de las mujeres. Y quizás, lo más crucial es la necesidad de fortalecer los mecanismos institucionales —como los sistemas de justicia, los organismos reguladores y los servicios de cuidado infantil— que permiten a las mujeres ejercer sus derechos plenamente y sin obstáculos significativos.
Ninguna economía en el mundo puede permitirse el lujo de no aprovechar la totalidad de su potencial, y ninguna joven que aspire a trabajar o a liderar un negocio debería ver comprometido su futuro debido a leyes o instituciones anticuadas que no respetan ni garantizan sus derechos fundamentales.
Fuente:BM
