Las reformas monetarias e institucionales de las últimas dos décadas han reforzado la credibilidad de los bancos centrales de la región y podrían limitar el impacto de nuevas perturbaciones sobre los precios.
Las principales economías de América Latina cuentan actualmente con unas expectativas de inflación más sólidas para hacer frente al repunte de los precios del petróleo provocado por el conflicto en Oriente Medio, según un análisis publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El estudio, elaborado por Philip Barrett y Gonzalo Huertas y publicado el 26 de mayo de 2026, señala que las expectativas de inflación a largo plazo permanecen relativamente bien ancladas en la mayoría de los países de la región, pese a las perturbaciones de oferta registradas después de la pandemia y al aumento de la inflación a corto plazo.
Según el análisis, este mayor anclaje permite limitar la transmisión de las variaciones de los precios de la energía y de otras materias primas hacia los precios al consumidor. En otras palabras, aunque el encarecimiento del petróleo y de las importaciones puede generar presiones inflacionarias inmediatas, existe una menor probabilidad de que estas se conviertan en aumentos de precios persistentes.
El FMI atribuye parte de esta resiliencia a las reformas institucionales emprendidas por los países latinoamericanos hace aproximadamente 25 años. Entre ellas destacan la adopción de regímenes de metas de inflación, el fortalecimiento de la independencia de los bancos centrales y el abandono del predominio fiscal sobre la política monetaria.
Estas transformaciones han contribuido a mejorar la percepción sobre la capacidad de las autoridades para mantener la estabilidad de precios. Aunque las previsiones de inflación de América Latina continúan, en promedio, más alejadas de los objetivos oficiales que las de las economías avanzadas, la dispersión de las expectativas es similar, lo que refleja una mayor confianza en los marcos de política monetaria.
Una credibilidad construida durante dos décadas
El análisis destaca que, durante los últimos 20 años, tanto las expectativas de una inflación excesivamente elevada como las de una inflación demasiado baja se han acercado progresivamente a los objetivos establecidos por los bancos centrales.
Esta evolución ha reforzado la capacidad de las economías de la región para absorber perturbaciones externas sin que estas desencadenen una espiral inflacionaria.
Sin embargo, el FMI advierte de que la credibilidad monetaria puede deteriorarse con rapidez. Una política monetaria más restrictiva de lo previsto puede mejorar de manera moderada y gradual el anclaje de las expectativas, mientras que una política inesperadamente más laxa puede provocar un deterioro mucho más pronunciado.
Las experiencias de Brasil, Chile y Argentina son utilizadas como ejemplos de cómo los cambios en los marcos de política económica pueden influir sobre las expectativas de inflación y ofrecen lecciones para afrontar futuros episodios de volatilidad.
El régimen monetario debe adaptarse al contexto
El FMI subraya que no existe un único régimen monetario adecuado para todas las circunstancias. Las metas de inflación pueden desempeñar un papel fundamental en la estabilidad macroeconómica, pero su aplicación puede resultar más compleja cuando un país atraviesa niveles de inflación muy elevados.
En estos escenarios, el organismo considera que mecanismos más sencillos, incluidos aquellos que incorporan elementos de control cambiario o monetario, pueden ser inicialmente más apropiados.
No obstante, el análisis señala que un régimen de metas de inflación no requiere necesariamente un entorno económico completamente estable para ser introducido. Brasil constituye un ejemplo, con la adopción de este sistema en 1999, en un contexto económico complejo. En estas circunstancias, la transparencia y la rendición de cuentas de los bancos centrales resultan esenciales para generar confianza.
El FMI también destaca la importancia del respaldo institucional. Las metas de inflación tienen pocas posibilidades de éxito cuando las políticas fiscales u otras decisiones económicas contradicen los objetivos del banco central. Asimismo, una elevada dolarización puede dificultar los procesos de desinflación.
Una protección frente a nuevas crisis
La experiencia latinoamericana demuestra, según el FMI, que las reformas realizadas durante una generación han permitido construir marcos monetarios más resistentes frente a las perturbaciones externas.
Ante el actual repunte de los precios del petróleo y el riesgo de nuevas presiones inflacionarias, unas expectativas de inflación estables pueden permitir que las economías absorban mejor el impacto sin generar una desestabilización prolongada de los precios.
El organismo advierte, sin embargo, que esta protección no está garantizada. Una política monetaria excesivamente laxa o cambios abruptos en los marcos institucionales podrían erosionar rápidamente la credibilidad acumulada durante décadas.
Para el FMI, preservar esa credibilidad será clave para que América Latina pueda afrontar la actual turbulencia del mercado petrolero y futuras crisis externas sin repetir los episodios de inflación elevada y volátil que marcaron buena parte de su historia económica.
