Solo el 10% de las remesas se destina a inversión productiva, mientras que el resto se usa para pagar facturas, educación, vivienda y ahorro.

TÁNGER– En 2025 los marroquíes que viven fuera del país enviaron a casa 122.020 millones de dirhams, unos 13.300 millones de dólares. Es la cifra más alta registrada, según la Oficina de Divisas. Aun así, casi todo ese dinero se usa para gastos del día a día.

El gobierno admite que solo 1 de cada 10 dirhams se destina a inversión productiva. El resto se va a pagar facturas, matrículas escolares, vivienda y ahorro familiar. Dos tercios se gastan directamente en casa y otra parte queda en bancos locales para hipotecas y préstamos a pequeños negocios.

Cambiar esa situación fue el tema central del primer Foro Económico de Marroquíes del Mundo, celebrado en Tánger en mayo de 2026. El jefe de gobierno, Aziz Akhannouch, dijo que los 5 millones de marroquíes en el exterior no solo envían dinero, también tienen conocimientos y contactos que podrían ayudar al país.

“Queremos pasar de las transferencias a la inversión productiva”, señaló el Ejecutivo.

 
El 10% de inversión no ha cambiado desde 2021. En mayo de 2025 el ministro de Inversiones, Karim Zidane, ya pidió “simplificar trámites y dar más confianza” para atraer ese dinero. Pero la cifra sigue igual.

Analistas de _Hespress_ dicen que el problema no es de discursos. Falta seguridad jurídica, reglas claras y bancos o instituciones en las que la diáspora confíe de verdad.

Las remesas representan más del 7% del PIB de Marruecos. Es más que toda la inversión extranjera directa, que en 2025 fue de unos 56.000 millones de dirhams.

Además, el dinero del exterior será clave en 2026, cuando Marruecos pase a un tipo de cambio flotante. Esas remesas ayudan a mantener la moneda estable y a pagar importaciones de combustible y trigo. Banco Al-Maghrib tiene reservas de unos 36.000 millones de dólares para la transición.

 
Para muchas familias, el dinero que llega del exterior es un salvavidas. Sirve para vivir, no para crear empresas.

Por eso el informe concluye que, mientras no se den reformas básicas, las remesas seguirán siendo consumo y colchón financiero. No fábricas ni startups.

Y Marruecos seguirá sin convertir el dinero récord de su diáspora en crecimiento.

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