Un informe internacional advierte que hasta el 30% de las emisiones contaminantes provienen de infraestructuras mal mantenidas, un problema evitable que frena la economía y acelera el cambio climático.

La economía mundial pierde entre 1 y 3 billones de dólares anuales debido a fallos en el mantenimiento de infraestructuras y equipos, una brecha que además genera hasta el 30% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Así lo señalan análisis difundidos en el entorno del Foro Económico Mundial, que alertan sobre un problema estructural ignorado en plena era de innovación tecnológica.

Este fenómeno, conocido como “brecha de mantenimiento”, refleja la incapacidad de optimizar sistemas ya existentes, desde redes energéticas hasta edificios e instalaciones industriales. Lejos de ser un problema aislado, organismos como la Agencia Internacional de la Energía (IEA) o el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático coinciden en que se trata de una falla sistémica con impacto económico y ambiental equivalente a las emisiones anuales de países enteros.

En el sector energético, por ejemplo, las fugas de metano procedentes de infraestructuras deterioradas liberaron 135 millones de toneladas en 2022. Este gas tiene un impacto climático hasta 80 veces superior al del dióxido de carbono en un horizonte de 20 años. Según la IEA, cerca del 70% de estas emisiones podrían evitarse con tecnologías ya disponibles.

El problema se extiende también a la industria y al entorno urbano. Equipos obsoletos, como calderas antiguas o sistemas sin aislamiento, generan más del 12% de las emisiones globales, mientras que los edificios comerciales representan el 34%, de los cuales una parte significativa podría reducirse mediante mejoras técnicas existentes.

Ante este escenario, expertos proponen un cambio de enfoque: pasar de una economía centrada en construir constantemente a otra orientada a mantener y optimizar mejor los activos actuales. La IEA define esta estrategia como priorizar la eficiencia energética, considerada “el primer combustible” para alcanzar los objetivos climáticos.

El llamado “Mandato de Mantenimiento” plantea tres líneas de acción: prolongar la vida útil de los activos, detectar fugas contaminantes —especialmente en el sector energético— y mejorar la eficiencia de edificios mediante sistemas inteligentes.

Algunas empresas ya aplican este modelo. La compañía Jotun ha logrado reducir millones de toneladas de emisiones al mejorar el rendimiento de embarcaciones mediante soluciones tecnológicas, mientras que Foxconn ha optimizado sus operaciones industriales con inteligencia artificial, reduciendo costes y errores.

Además del componente tecnológico, el informe destaca el papel clave del capital humano. La transición hacia sistemas más eficientes requerirá trabajadores cualificados en análisis de datos y gestión de tecnologías inteligentes. Empresas como Amazon ya han demostrado que la automatización puede generar empleos más especializados y mejor remunerados.

Los expertos subrayan que cerrar la brecha de mantenimiento permitiría avanzar de forma inmediata en la reducción de emisiones, sin necesidad de esperar a tecnologías futuras. En este sentido, consideran que abordar este problema es una de las vías más rápidas y eficaces para combinar crecimiento económico y sostenibilidad.

La conclusión es clara: en la actual era tecnológica, el verdadero reto no es solo innovar, sino gestionar de forma eficiente lo que ya existe.

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