Los organismos internacionales prevén impacto sobre seis de cada diez puestos en economías avanzadas y advierten riesgos para jóvenes, cohesión social y estabilidad salarial.
La inteligencia artificial (IA) está avanzando a un ritmo que no solo es acelerado, sino también transformador, alterando de manera significativa la organización del empleo, modificando los salarios y ampliando las oportunidades en diversas trayectorias profesionales.
Actualmente, empresas de todos los tamaños, desde pequeñas empresas emergentes hasta gigantes multinacionales, están incorporando sistemas de inteligencia artificial capaces no solo de procesar grandes cantidades de información de manera eficiente, sino también de generar contenidos originales y automatizar una amplia gama de tareas rutinarias.
En este contexto, organismos internacionales están alertando de un cambio estructural inminente, un cambio que tendrá un impacto potencialmente desestabilizador en millones de trabajadores alrededor del mundo en los próximos años.
Jon Hernández, reconocido experto en el campo de la inteligencia artificial, sostiene que «en cuestión de un año, la IA tendrá la capacidad de reemplazar casi cualquier trabajo que se realice en remoto, manteniendo el mismo nivel de calidad que un ser humano es capaz de ofrecer». Esta advertencia está en sintonía con el análisis realizado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el cual estima que el desarrollo y adopción de esta tecnología afectará al 60% de los empleos actuales en las economías que están más avanzadas tecnológicamente.
La aceleración de la automatización impulsa un cambio estructural significativo en las economías. La implantación de herramientas digitales no es una simple previsión para un futuro lejano, sino más bien una realidad tangible del presente. De acuerdo con los datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), cerca del 70% de los trabajadores que laboran en medianas y grandes empresas en España utiliza el ordenador a diario para desarrollar sus tareas. Para Hernández, esta cifra es indicativa de que una gran parte de las tareas digitales y administrativas son susceptibles de ser automatizadas en un periodo muy corto de tiempo.
«En el ambiente corporativo, es habitual asignar a los becarios tareas simples, que son precisamente las más fáciles de automatizar. En consecuencia, la primera ola de cambio afectará principalmente a estos trabajadores», explica el experto. De esta forma, el impacto de la automatización no solo se limitaría a perfiles altamente cualificados o especializados, sino también a aquellos roles de soporte y actividades repetitivas que son realizadas a distancia.
Despidos masivos y el debate en torno al AI washing están al orden del día en la discusión pública y económica. Este ajuste laboral ya se percibe notoriamente en algunos mercados. Por ejemplo, en octubre, el mercado laboral de Estados Unidos registró más de 150.000 despidos, marcando así el peor dato en ese mes desde 2003, según el informe de Challenger, Gray & Christmas. Aunque se señala que la reducción de costes es una de las principales causas de estos despidos, la inteligencia artificial emerge como la segunda razón más frecuentemente citada en los motivos de estos recortes.
Compañías de la talla de Amazon, UPS o Klarna han reconocido públicamente que el uso de herramientas de inteligencia artificial les permite no solo optimizar procesos internos sino también reducir considerablemente sus plantillas de empleados.
Sin embargo, algunos especialistas en la materia advierten sobre el concepto de «AI washing», que se refiere a la utilización del argumento tecnológico como una justificación conveniente para realizar ajustes corporativos que podrían estar motivados por otros factores. Peter Cappelli, profesor en la prestigiosa Wharton School, asegura que «en la mayoría de los casos, la inteligencia artificial no necesariamente reduce las plantillas de empleados».
El impacto de la inteligencia artificial está proyectado para afectar aproximadamente a seis de cada diez empleos actuales. La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, lanzó una advertencia durante el Foro Económico Mundial, destacando que la inteligencia artificial podría convertirse en un auténtico «tsunami» para el mercado laboral, dada la rapidez con la que está transformando las demandas de habilidades requeridas para los empleos del futuro. Según estimaciones del mismo organismo internacional, el 60% de los puestos de trabajo en las economías desarrolladas podrían verse afectados por esta avanzada tecnología.
Georgieva indicó que, aunque algunos empleos se beneficiarán al ganar en productividad y valor añadido, lo que podría traducirse en salarios mejorados, también existe el riesgo de eliminación de muchos puestos de nivel inicial que han sido tradicionalmente la puerta de entrada al mercado laboral para los jóvenes. «La clase media inevitablemente se verá afectada por estos cambios», subrayó.
El debate sobre tecnología y destrucción creativa no es un fenómeno nuevo si se considera a lo largo de la historia. Iñaki Acorcha, exbanquero suizo, rememora que «la tecnología siempre ha creado más empleo del que ha destruido en ciclos pasados, excepto con la IA, que tiene la capacidad de ocupar trabajos que ella misma genera». El experto une esta perspectiva al concepto de destrucción creativa, formulado por el economista Joseph Schumpeter y aplicado con éxito en la revolución agraria, industrial y posteriormente con la irrupción de Internet.
No obstante, en el contexto actual de la inteligencia artificial, Acorcha destaca un matiz diferencial importante: «La IA tiene la capacidad de ocuparse por los propios trabajos que ella misma crea». Es decir, los nuevos puestos de trabajo generados por la inteligencia artificial podrían no ser necesariamente ocupados por seres humanos, sino por otras inteligencias artificiales. Esta nueva realidad altera el patrón histórico de sustitución tecnológica, donde normalmente los empleos emergentes eran asumidos por trabajadores humanos.
Los sectores más expuestos a la automatización por inteligencia artificial están, sin lugar a dudas, encabezados por el sector tecnológico, pero no se limita únicamente a este. Hernández sostiene que la inteligencia artificial ya es capaz de traducir con un 99% de efectividad el trabajo que realiza un traductor humano. Además, menciona otras áreas como la enseñanza, el marketing y la gestión administrativa como sectores donde la automatización podría alterar significativamente la estructura del empleo tal como lo conocemos.
Sin embargo, el experto insiste en que no todas las funciones son susceptibles de ser reemplazadas. Aquellas tareas que requieren una alta dosis de creatividad, una visión estratégica compleja o un cuidado humano intrínseco, permanecen fuera del alcance total de las máquinas, al menos en el estado actual de la tecnología. «Por ejemplo, yo me lo pensaría dos veces antes de dejar a mis hijos al cuidado de un robot niñera», comenta, aludiendo claramente a los límites actuales en el terreno tecnológico.
La rápida evolución de estas herramientas también plantea cuestiones cruciales en torno a la regulación y la cohesión social. Más allá de su impacto en el empleo, el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial plantea importantes interrogantes regulatorios. «Esto está avanzando a una velocidad vertiginosa, y no obstante, todavía no sabemos cómo gestionarlo de manera completamente segura», afirmó Georgieva, refiriéndose a la ausencia de mecanismos consolidados que puedan garantizar un despliegue libre de riesgos técnicos y sociales.
Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, aboga por abordar esta cuestión desde la perspectiva de la distribución de la riqueza. A su juicio, si no se presta la debida atención al fenómeno del aumento de la desigualdad, «nos dirigimos hacia serios problemas sociales». El reto, según los organismos internacionales, consiste en encontrar la manera de combinar la productividad creciente con la estabilidad social a través de una formación continua, el reciclaje profesional necesario y la implementación de marcos legales adecuados y justos.
