La Comisión Europea alerta del impacto económico del conflicto y propone reforzar la independencia energética para mitigar futuras crisis.

La guerra en Irán ya tiene un fuerte impacto económico en la Unión Europea, con un coste estimado de 500 millones de euros diarios. Así lo advirtió la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante su intervención en el Parlamento Europeo, donde alertó de que las consecuencias del conflicto podrían prolongarse “meses o incluso años”.

En apenas 60 días de hostilidades, el impacto económico acumulado asciende ya a unos 27.000 millones de euros para el bloque comunitario. Ante este escenario, Von der Leyen subrayó la necesidad de reducir la dependencia energética exterior, siguiendo el camino emprendido tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia.

La presidenta destacó que países como Suecia han logrado amortiguar el impacto del encarecimiento del gas gracias a su apuesta por las energías renovables y la nuclear, un modelo que Bruselas quiere extender mediante una mayor coordinación en la compra conjunta de energía y la gestión de reservas.

En paralelo, la Comisión propone permitir a los Estados miembros cubrir hasta el 70% del sobrecoste energético derivado del conflicto, así como conceder ayudas directas de hasta 50.000 euros a pequeñas y medianas empresas afectadas.

Von der Leyen también hizo autocrítica sobre la gestión de crisis anteriores, recordando que más de 350.000 millones de euros se destinaron a medidas poco focalizadas. En esta ocasión, defendió un enfoque más selectivo que priorice a los hogares y sectores más vulnerables, evitando al mismo tiempo incentivar el consumo de combustibles fósiles.

Como parte de la estrategia a largo plazo, Bruselas prepara un Plan de Acción de Electrificación que contará con hasta 95.000 millones de euros del presupuesto europeo. El objetivo es acelerar la transición energética y adaptar la economía a nuevas demandas, como el crecimiento de los centros de datos y la inteligencia artificial.

Finalmente, la presidenta insistió en la necesidad de reforzar los recursos propios de la Unión Europea para hacer frente a los retos futuros, desde la devolución de los fondos pospandemia hasta el aumento del gasto en defensa y seguridad.

Con este escenario, la Unión Europea encara una nueva etapa marcada por la incertidumbre energética y la urgencia de avanzar hacia una mayor autonomía estratégica.

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