Cuatro expertos mundiales debaten en el Foro Económico cómo la tokenización, las monedas estables y el oro están redefiniendo el valor, la confianza y el intercambio en un mundo cada vez más multipolar.
El mundo se está partiendo en pedazos, pero el dinero busca la manera de recomponerse. Esa fue una de las ideas que sobrevoló Davos este año, expresada por Bill Winters, consejero delegado de Standard Chartered, y compartida por muchos de los asistentes: el orden económico conocido se resquebraja, pero los actores financieros ya están encontrando la manera de moverse entre los escombros.
La pregunta que surge entonces es doble: ¿cómo se están adaptando exactamente los sistemas de pago y de valor a este nuevo escenario? Y más importante aún, ¿qué forma tomará el dinero en los próximos años? El Foro Económico Mundial reunió a cuatro voces autorizadas para intentar responder a estas cuestiones: Jeremy Allaire, de Circle; Denelle Dixon, de Stellar Development Foundation; el inversor Ray Dalio, de Bridgewater Associates; y el propio Bill Winters.
El dinero como extensión de internet
Para Jeremy Allaire, el futuro del dinero se parece mucho al pasado reciente de la comunicación. Del mismo modo que internet democratizó el acceso a la información, su compañía, Circle, impulsa el USDC, una de las mayores monedas estables reguladas del mundo. En su visión, «todo el dinero será digital» y los pagos serán tan instantáneos, globales y baratos como lo es hoy enviar un mensaje de texto.
Puso un ejemplo concreto para ilustrar el potencial de esta tecnología: los refugiados ucranianos. Allaire explicó que crearon un sistema que permitía desembolsar ayuda directa a personas registradas como desplazadas. Solo necesitaban un teléfono móvil. Los fondos llegaban en dólares digitales, de forma instantánea y segura, sin intermediarios ni riesgos de corrupción. «Cuando recibían el dinero, podían usarlo directamente para pagar», explicó.
La billetera invisible
Denelle Dixon, de la Fundación Stellar, comparte esa visión de un dinero que circula sin que el usuario sea consciente de la tecnología que lo sostiene. Su objetivo es que la gente use cualquier tipo de billetera digital con la misma naturalidad con la que hoy usa una cuenta bancaria o dinero en efectivo.
«Usted es el propietario», afirma Dixon, a diferencia de la banca tradicional, donde los fondos dependen de intermediarios. Esta libertad financiera está teniendo un impacto especial en países en desarrollo, donde el dinero móvil ya era una realidad antes que en Occidente. Dixon menciona a creadores de contenido en África o América Latina que pueden cobrar su trabajo en monedas estables y convertirlas fácilmente a su moneda local, algo impensable hace unos años.
También quiso desmontar el mito de que el dinero digital es sinónimo de delincuencia. A pesar de los más de 3.400 millones de dólares robados en criptomonedas durante 2025, Dixon sostiene que la trazabilidad de estas transacciones es tan alta que, en teoría, dificulta la actividad ilegal en lugar de facilitarla.
El refugio en tiempos de fractura
Ray Dalio, conocido por predecir la crisis de 2008, ofrece una mirada más escéptica y cíclica. Para él, el sistema monetario actual, basado en la confianza en los gobiernos y los bancos centrales, está bajo presión por el aumento de la deuda y las tensiones geopolíticas. Puso como ejemplo las recientes disputas entre Europa y Estados Unidos: «El simple temor a que ocurran estas cosas influye en lo que se vende y lo que se compra».
En ese contexto, el oro ha vuelto a ganar protagonismo como reserva de valor, precisamente porque es difícil de confiscar. Dalio añade que monedas como el bitcoin comparten esa característica. El futuro del dinero, dice, dependerá de qué activos sean percibidos como depósitos de riqueza fiables, ya sea oro, divisas tradicionales o monedas digitales.
Sobre la inteligencia artificial, Dalio se muestra tranquilo: cree que casi todos los grandes cambios tecnológicos generan burbujas de forma natural, porque nadie sabe exactamente cuánto invertir en algo nuevo. Pero advierte que el peligro llega cuando los inversores empiezan a valorar empresas por su potencial futuro en lugar de por su flujo de caja real.
La tokenización como nuevo estándar
Bill Winters, por su parte, ve 2026 como el año de la consolidación de tres tendencias: la maduración de un mundo multipolar, la digitalización del dinero y la adopción masiva de la inteligencia artificial. Describe el paso hacia el dinero tokenizado como una auténtica reestructuración del sistema financiero.
«Una vez que el dinero está tokenizado, puede transferirse mediante blockchain de la parte A a la parte B, o de una moneda a otra, instantáneamente, a cualquier hora, con un registro indeleble», explica. Esto supone ganancias enormes en eficiencia y seguridad, siempre que se haga bien. Y para eso hace falta un marco regulatorio global que aún no existe.
Winters menciona que Swift, la principal red de pagos actual, ya está construyendo su propia versión basada en blockchain. Las plataformas existentes, dice, no tienen aún capacidad para manejar el volumen de transacciones que se necesitará.
Cuando se le pregunta por el futuro de las criptomonedas, a pesar de que el 62% de los economistas jefes encuestados por el Foro prevén una caída de su valor en el próximo año, Winters responde con calma: «Lo que está claro es que ahora existe un valor asociado a tener una moneda no fiduciaria».
Cuatro miradas, cuatro enfoques, pero una conclusión compartida: el dinero está mutando, y con él, las reglas del juego. Las decisiones que tomen en los próximos meses gobiernos, empresas y ciudadanos determinarán quién puede acceder a los beneficios de esta nueva economía y quién se queda al margen.


