La volatilidad de los aranceles y las normas comerciales dificulta el acceso al crédito, especialmente para las pequeñas empresas
El comercio internacional puede mantener su ritmo y, aun así, dejar operaciones sin financiación. Esta aparente contradicción se explica por un problema que gana peso en un escenario de cambios frecuentes: mientras las mercancías siguen cruzando fronteras, las condiciones bajo las que se financian esas operaciones pueden cambiar antes de que lleguen a su destino.
Un análisis publicado por el Foro Económico Mundial el 10 de agosto de 2026 señala que la variación constante de los aranceles y de las normas comerciales está aumentando los riesgos para las entidades que financian operaciones internacionales. Cuando las condiciones previstas al conceder un crédito dejan de coincidir con las existentes al finalizar una transacción, los prestamistas pueden elevar los costes, reducir los límites de financiación, exigir mayores garantías o directamente rechazar determinadas operaciones.
El problema adquiere mayor dimensión porque una operación comercial internacional puede prolongarse durante varios meses. En ese intervalo, una empresa debe adquirir o fabricar las mercancías, organizar su transporte, efectuar el envío y esperar, en algunos casos, hasta 90 días para recibir el pago.
A ello se suma la evolución de las políticas comerciales. Según la Organización Mundial del Comercio (OMC), los recientes cambios en esta materia han alcanzado una dimensión sin precedentes. Por su parte, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) señala que desde 2020 se han introducido alrededor de 18.000 medidas que restringen o distorsionan el comercio, mientras que las regulaciones técnicas y las normas sanitarias ya afectan aproximadamente a dos tercios del comercio mundial.
Cuando las reglas cambian con la mercancía en tránsito
Las modificaciones de las políticas comerciales pueden alterar una operación que inicialmente parecía viable. Por ejemplo, un aumento de los aranceles mientras una mercancía se encuentra en tránsito puede reducir el margen disponible para devolver el crédito.
Del mismo modo, un nuevo requisito de cumplimiento puede retrasar el despacho aduanero y prolongar el periodo necesario para completar el pago. Incluso un anuncio sobre futuras medidas puede llevar a un comprador a renegociar el precio, reducir su pedido o aplazar el pago.
Ante estas situaciones, las entidades financieras tienden a valorar nuevamente el riesgo. El resultado puede traducirse en tipos de interés más elevados, menores límites de crédito, mayores exigencias de garantías o la exclusión de operaciones cuyo nivel de incertidumbre resulte difícil de calcular.
Por tanto, el problema no reside necesariamente en que desaparezca la necesidad de financiación. Las operaciones comerciales continúan existiendo, pero una parte de ellas puede quedar sin los recursos necesarios para llevarse a cabo.
Las pequeñas empresas afrontan mayores dificultades
Esta situación afecta tanto a grandes compañías como a empresas de menor tamaño, aunque no todas cuentan con las mismas herramientas para responder a los cambios.
Las grandes empresas y aquellas con actividades diversificadas pueden recurrir a diferentes proveedores, modificar sus mercados de abastecimiento, utilizar mecanismos de cobertura y soportar temporalmente una reducción de sus márgenes.
Las pequeñas empresas, en cambio, suelen disponer de menos alternativas. Por ello, cuando aumentan los costes derivados de las nuevas exigencias comerciales, el impacto sobre su financiación puede aparecer con mayor rapidez.
UNCTAD también advierte de que los pequeños exportadores afrontan costes de cumplimiento más elevados a medida que las regulaciones comerciales se vuelven más exigentes.
Un déficit de financiación que alcanza los 2,5 billones de dólares
Los datos de la Asian Development Bank sitúan en 2,5 billones de dólares la brecha mundial de financiación del comercio en 2025, equivalente aproximadamente al 10 % del comercio global. Aunque se trata de una cifra considerable, el porcentaje descendió desde el 10,6 % registrado anteriormente.
Al mismo tiempo, el 80 % de los bancos consultados por el organismo espera que la demanda de financiación comercial aumente a medida que las empresas diversifiquen sus mercados y reorganizen sus cadenas de suministro.
La situación resulta especialmente significativa porque la brecha no se ha ampliado mientras el comercio mundial ha continuado creciendo. La Organización Mundial del Comercio (OMC) calcula que el volumen del comercio de mercancías aumentó un 4,6 % en 2025, superando las previsiones, en parte porque el efecto de los nuevos aranceles fue menor de lo esperado.
Esto plantea una dificultad concreta: el comercio puede crecer mientras determinadas operaciones comercialmente viables encuentran más obstáculos para obtener financiación.
Un modelo de financiación más cercano a cada operación
Ante este escenario, el análisis plantea que una de las respuestas podría pasar por evaluar cada operación de manera individual, en lugar de depender exclusivamente de revisiones periódicas de las líneas de crédito.
En una financiación vinculada a una transacción concreta, el prestamista puede analizar elementos como el comprador, el proveedor, el producto, la ruta comercial, las condiciones de pago, los aranceles vigentes y el comportamiento reciente de los pagos.
Este sistema permitiría distinguir entre operaciones que continúan siendo viables y aquellas cuyo riesgo ha aumentado de forma significativa. De esta manera, una modificación que afecte a un determinado mercado no tendría necesariamente que repercutir sobre toda la financiación disponible para una empresa.
La diferencia reside en utilizar información actualizada sobre cada operación, en lugar de basar todas las decisiones en una evaluación realizada meses atrás.
La previsibilidad también depende de los gobiernos
Sin embargo, la responsabilidad no corresponde únicamente a las entidades financieras. Los gobiernos también desempeñan un papel importante cuando modifican las condiciones que regulan el comercio internacional.
Los cambios en los aranceles y en las normas comerciales resultan más fáciles de asumir cuando se anuncian con suficiente antelación, cuentan con un calendario claro y no se aplican de manera retroactiva. De esta forma, las empresas pueden ajustar sus precios, proveedores y decisiones de transporte antes de que las nuevas disposiciones entren en vigor.
Para los prestamistas, disponer de esa información con anticipación también facilita la valoración de una operación y permite calcular las condiciones que probablemente estarán vigentes cuando las mercancías lleguen a su destino.
La directora general de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala, ha señalado en este contexto la importancia de mantener políticas comerciales previsibles y cadenas de suministro resistentes para reducir las consecuencias económicas de estos cambios.
En definitiva, reducir la brecha de financiación del comercio no consiste únicamente en conceder más crédito. El desafío está en conseguir que los recursos financieros lleguen a operaciones viables en el momento en que realmente se necesitan.
Para las empresas que comercian entre distintos países, disponer de capital suficiente puede determinar si aceptan un pedido, adquieren mercancías, pagan a un proveedor o se aventuran a entrar en un nuevo mercado. Por ello, cuanto más cambian las condiciones comerciales, mayor importancia adquiere una financiación capaz de valorar cada operación según las circunstancias reales del momento.
Fuente: weforum.org


