La transformación tecnológica, la transición climática, el cambio demográfico y las nuevas demandas del mercado laboral están modificando las necesidades de las empresas y las oportunidades profesionales de los jóvenes.
En este contexto, la inversión en formación y empleo juvenil se presenta como una estrategia que puede generar beneficios tanto para el sector privado como para la sociedad.
Las empresas afrontan una creciente necesidad de encontrar trabajadores con competencias adaptadas a los cambios tecnológicos y económicos. Al mismo tiempo, millones de jóvenes necesitan acceder a formación, experiencia profesional y oportunidades que les permitan incorporarse a un mercado laboral cada vez más exigente.
Ante este escenario, compañías de distintos sectores están impulsando programas de formación, aprendizaje, mentoría y acceso al empleo, con el objetivo de desarrollar el talento que necesitarán en el futuro y ampliar las oportunidades económicas de las nuevas generaciones.
La formación como inversión empresarial
El programa IBM SkillsBuild constituye uno de los ejemplos de formación tecnológica a gran escala. La iniciativa, que ofrece aprendizaje gratuito, credenciales digitales, mentoría y experiencia práctica, ha alcanzado a más de 22 millones de estudiantes. IBM se ha comprometido además a capacitar a 30 millones de personas en todo el mundo para 2030.
En India, SAP desarrolla el programa «Educate to Employ», dirigido a jóvenes de entornos desfavorecidos. La iniciativa combina formación en competencias digitales y profesionales con certificaciones tecnológicas, mentoría y oportunidades de empleo. En los últimos dos años se ha extendido a 29 instituciones de cuatro estados y ha alcanzado a más de 1.500 estudiantes.
EY y Microsoft también han ampliado el acceso a competencias vinculadas con la inteligencia artificial mediante su AI Skills Passport. El programa ha registrado más de 200.000 inscripciones y más de 100.000 finalizaciones en 51 países.
Del aprendizaje al empleo
La formación, sin embargo, no garantiza por sí sola el acceso a un puesto de trabajo. Los jóvenes necesitan también experiencia profesional, contactos y oportunidades para aplicar sus conocimientos.
El Programa de Aprendizaje de Zurich en Estados Unidos combina empleo remunerado a tiempo completo con educación universitaria financiada por la empresa. Desde su lanzamiento en 2016, ha incorporado a más de 450 aprendices en áreas como suscripción, reclamaciones, informática y ciberseguridad, y ha graduado a 251.
Otros programas buscan conectar directamente a los jóvenes con las necesidades de sectores específicos. Cargill, por ejemplo, ha concedido más de 1.100 becas desde 2021 a través de su programa THRIVE, destinado a facilitar el acceso a carreras relacionadas con la agricultura y las disciplinas STEM.
Nestlé también desarrolla alianzas con instituciones académicas en seis países del África subsahariana, ofreciendo a los estudiantes acceso a seminarios científicos, investigación, pasantías y aplicaciones tecnológicas en ámbitos como la seguridad alimentaria y la inteligencia artificial.
Una oportunidad para las empresas y la sociedad
La inversión en los jóvenes puede contribuir simultáneamente a reducir las brechas de habilidades y ampliar las oportunidades de acceso al empleo. Programas como el de Schneider Electric, que opera en más de 60 países y ha formado a más de un millón de jóvenes en gestión energética, muestran cómo la capacitación puede combinar objetivos empresariales con necesidades sociales.
En el Reino Unido, ISS apoyó el año pasado a más de 60 jóvenes en prácticas mediante el programa Project Search. En el Hospital Hairmyres, siete jóvenes completaron sus prácticas y cuatro consiguieron posteriormente un empleo en ISS.
En el sector manufacturero, la iniciativa SmartStart del Foro Económico Mundial, desarrollada junto a empresas como Rockwell Automation, pretende preparar a un millón de jóvenes para carreras relacionadas con la manufactura y las cadenas de suministro de aquí a 2035, en un sector que podría registrar 7,8 millones de puestos vacantes.
Estos programas reflejan un cambio en la relación entre empresas y jóvenes: las compañías no solo buscan contratar trabajadores que ya dispongan de las competencias necesarias, sino que participan cada vez más en su formación y desarrollo profesional.
«A medida que las empresas afrontan la disrupción tecnológica, la transición climática y el cambio demográfico, invertir en los jóvenes no es una cuestión secundaria. Es fundamental para la competitividad y la prosperidad compartida», afirmó Sebastian Buckup, director gerente del Foro Económico Mundial.
La inversión en talento joven puede, por tanto, convertirse en una estrategia de doble beneficio: permite a las empresas desarrollar las capacidades que necesitarán para competir en un entorno cambiante y, al mismo tiempo, facilita a los jóvenes el acceso a las habilidades, la experiencia y las oportunidades necesarias para participar en la economía del futuro.


