La economía de Guinea Ecuatorial afrontará entre 2026 y 2028 una transformación marcada por el retroceso de los hidrocarburos y el creciente protagonismo de los servicios, que se perfilan como uno de los principales motores de la actividad no petrolera, según las Perspectivas Económicas y Fiscales de Guinea Ecuatorial 2026-2028.
El sector no petrolero aumentará su participación en el PIB del 63,6 % en 2026 al 66,4 % en 2027, porcentaje que se mantendría en 2028. Este cambio, sin embargo, estará impulsado principalmente por la contracción de la actividad petrolera más que por una expansión extraordinaria de las actividades no extractivas.
Las previsiones apuntan a que el valor añadido del sector petrolero se contraerá una media del 4,7 % anual durante el periodo 2026-2028. La caída alcanzaría el 8,7 % en 2026 y el 8,5 % en 2027, antes de registrar un crecimiento del 3,1 % en 2028, favorecido en buena medida por la producción prevista del yacimiento de Aseng.
El informe identifica al sector de los hidrocarburos como uno de los principales factores que limitarán el crecimiento de la economía durante los próximos años. Esta evolución responde al agotamiento progresivo de los yacimientos actualmente en explotación y a la falta de nuevos proyectos capaces de compensar la pérdida de capacidad productiva.
La producción total de hidrocarburos pasaría de 187.176 barriles diarios en 2025 a 158.812 barriles diarios en 2028, lo que supone una reducción acumulada del 15,1 %.
El crudo se vería afectado principalmente por el envejecimiento de los yacimientos de Zafiro y la falta de nuevas perforaciones. La producción de condensado también disminuiría debido al agotamiento de los bloques Alba y Alen, aunque se espera una recuperación en 2028 asociada a nuevas conexiones en Aseng.
El gas natural licuado también registraría una reducción durante el periodo, mientras que productos como el propano, el butano y el GLP mixto experimentarían igualmente descensos.
Frente a esta evolución, las actividades no petroleras asumirán un papel cada vez más relevante. El informe proyecta un crecimiento medio del 3,5 % anual entre 2026 y 2028, con tasas del 3,7 % en 2026 y 2027 y del 3,3 % en 2028.
Dentro de este grupo, los servicios aparecen como el principal motor. El sector terciario, que representa aproximadamente el 80 % del PIB no petrolero, crecería una media del 3,4 % anual, mientras que los servicios privados registrarían una expansión mayor, estimada en el 5,3 %.
Las perspectivas atribuyen parte de este crecimiento a las reformas destinadas a formalizar las empresas, la simplificación tributaria mediante la Licencia Tributaria Única y los regímenes fiscales especiales dirigidos a las pequeñas empresas.
El transporte de mercancías también podría beneficiarse de los acuerdos bilaterales de tránsito suscritos con Chad y la República Centroafricana, mientras que los proyectos regionales de conectividad en telecomunicaciones contribuirían a impulsar la actividad de los servicios.
De esta manera, el sector no petrolero consolidaría progresivamente su papel como principal motor de la economía, aumentando su peso en el PIB mientras disminuye la contribución de los hidrocarburos.
El sector público también mantendría una evolución positiva, con un crecimiento medio previsto del 3,9 % anual, en línea con la trayectoria de gasto contemplada en el programa respaldado por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Pese al mayor protagonismo de las actividades no petroleras, la transformación de la economía no sería suficiente para compensar a corto plazo la caída de los hidrocarburos. Las previsiones apuntan a una contracción del PIB real del 1,2 % en 2026 y del 0,8 % en 2027, antes de recuperar un crecimiento del 3,2 % en 2028.
El escenario proyectado coloca a Guinea Ecuatorial ante el reto de acelerar la diversificación económica y desarrollar nuevas fuentes de crecimiento capaces de reducir progresivamente la dependencia de los hidrocarburos.
El fortalecimiento de los servicios, la formalización empresarial, el desarrollo de las pequeñas empresas, la mejora de las conexiones regionales y el impulso de otras actividades productivas serán determinantes para que este cambio de estructura económica se traduzca en un crecimiento más sostenible en los próximos años.


