Autor: Santiago José Ndong Moyo Nshe
La investigación llevada a cabo por José Ndong Moyo Nshe, un recién graduado en la especialidad de Ingeniería Forestal de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial (UNGE), tiene como objetivo principal el análisis exhaustivo de la comercialización de carne proveniente de animales que habitan en los bosques, conocida comúnmente como «bushmeat», en los principales mercados y lugares de venta de la ciudad de Malabo, que es la capital de Guinea Ecuatorial.
Esta práctica de comercialización no es exclusiva de esta región, sino que está ampliamente difundida en toda África Central, donde se convierte en una fuente significativa de ingresos y supervivencia para muchas personas. Sin embargo, representa una amenaza considerable para la conservación de la biodiversidad y la salud pública, al propiciar la disminución de especies y el riesgo de enfermedades.
El desarrollo de este estudio se extendió desde noviembre de 2023 hasta febrero de 2024, abarcando mercados tan importantes como Semu, Fistown y el Puerto de Malabo. Para recoger datos precisos, se implementaron métodos rigurosos de observación directa y entrevistas estructuradas destinadas a las vendedoras, con el apoyo fundamental del Programa de Protección de la Biodiversidad de Bioko (BBPP).
Los resultados obtenidos fueron organizados y analizados meticulosamente según diversos criterios: el tipo de especies afectadas por la comercialización, su origen, estado de conservación, los métodos empleados para su captura, además de los precios que se manejan y la rentabilidad económica que ofrecen.
En este análisis, se identificó una notable diversidad de especies que pertenecen a los órdenes de Rodentia, Artiodactyla, Primates, Carnívora, Reptiles y Folidota. Especialmente, los roedores ocuparon la categoría más vendida con un 43,4%, seguidos por antílopes con 20,2%, primates con 11,1% y reptiles que representaron el 10,7% del total. Entre las especies más recurrentes en el mercado se encuentran el Grombif (Cricetomys emini), el Antílope gris (Philantomba monticola), el Venado (Cephalophus ogilbyi) y el Puerco espín (Manis tricuspis). Varias de estas especies se consideran amenazadas según la Lista Roja de la UICN, encontrándose clasificadas en las categorías de «Vulnerable» (VU), «En Peligro» (EN) o incluso «Críticamente Amenazada» (CR).
El comercio de la carne de bosque involucra a numerosos actores en su cadena de suministro: cazadores que por lo general residen en zonas rurales, transportistas que operan tanto por tierra como por mar, vendedoras que se encargan de la mayoría del proceso comercial y consumidores urbanos que demandan estos productos. Los cazadores emplean tanto técnicas tradicionales como armas de fuego para atrapar los animales, mientras que los transportistas marítimos se encargan de traer grandes cantidades de carne desde el continente a la isla de Bioko de forma semanal.
Las vendedoras, por su parte, tienen el control mayoritario sobre la actividad económica, deteniendo el poder de fijar precios y decidir la oferta disponible. Los precios oscilan dependiendo de la especie y la época del año, con valores que fluctúan entre 9,000 y hasta más de 100,000 Francos CFA. Se estima que las vendedoras logran obtener una ganancia promedio de 3,2 millones de Francos CFA, mientras que los cazadores averiguan por alrededor de 1,5 millones, los transportistas marítimos alcanzan hasta 4,3 millones, y los limpiadores ganan aproximadamente 145,000 Francos CFA mensuales.
El estudio exhibe que, aunque la comercialización de bushmeat es económicamente lucrativa, es ambientalmente insostenible. La caza excesiva y la ausencia de controles sanitarios son amenazas que impactan directamente a los ecosistemas y a la salud pública, incrementando el potencial para brotes de zoonosis como el Ébola, Viruela del mono, o COVID-19. Además, perduran ciertas prácticas culturales que justifican la caza por razones medicinales, gastronómicas o rituales.
A pesar de que Guinea Ecuatorial ha promulgado leyes como la Ley 8/1988 de Fauna, la Ley 1/1997 de Bosques, la Ley 7/2003 de Medio Ambiente, la Ley 6/2025 de Áreas Protegidas y diversos decretos que tienen como fin proteger las especies en riesgo, la aplicación actual de estas leyes y regulaciones continúa siendo débil y necesita refuerzo. La investigación sugiere medidas como el fortalecimiento de la gobernanza ambiental, la digitalización de datos relacionados con la carne de bosque a lo largo del país, la promoción de educación ecológica y la oferta de alternativas económicas sostenibles para las comunidades que dependen de la caza y el comercio de carne de animales del bosque.
Objetivos del estudio abarcan tanto un objetivo general como objetivos específicos. El objetivo general se centra en analizar dentro del ámbito de la ciudad de Malabo la comercialización de carne de animales de bosque. Por otro lado, los objetivos específicos incluyen clasificar las especies que se comercian en estos mercados, describir detalladamente el proceso de comercialización de la carne de dicho origen, y evaluar los aspectos legales y de conservación que están asociados a esta actividad.
Los problemas que se identificaron son numerosos y complejos. Uno de los principales es que el consumo de carne de fauna silvestre, que es conocido regionalmente como bushmeat, se ha transformado de ser una práctica de supervivencia sino a un negocio lucrativo urbano que, además, es impulsor de una amenaza ambiental de magnitud considerable. Este problema ha emergido principalmente debido al incremento en el consumo de carne de animales de bosque, el cual responde a situaciones específicas como el crecimiento demográfico y económico de la región. Este fenómeno, que empezó a notarse en el transcurso de los años 90, es en parte resultado del descubrimiento y explotación de petróleo, lo que elevó el nivel de vida y el poder adquisitivo de los habitantes, y además, el crecimiento demográfico que condujo a un incremento en los precios de la carne de bosque, haciéndola más lucrativa para los comerciantes del mercado.
Además, el impacto que presenta el Libre Comercio y la Informalidad es notable, facilitando el ingreso masivo de productos de fauna desde las áreas rurales hasta el centro urbano por el comercio no regulado en los mercados de Malabo. La falta de controles estrictos en las rutas de acceso y puestos de venta permite que el mercado de carne de bosque funcione bajo una dinámica de libre mercado informal. Como consecuencia de esto, la oferta y demanda superan las leyes de protección para las especies amenazadas. Existe también una notoria brecha en lo que se refiere a la fiscalización y gestión. A pesar de que las instituciones nacionales y ambientales tienen un mandato legal para proteger la fauna, los mercados de la capital evidencian una desconexión significativa entre la normativa vigente y la práctica real. Esta persistencia del comercio ilegal de especies protegidas subraya la necesidad urgente de fortalecer los mecanismos de control y vigilancia.
Los mercados de la ciudad de Malabo cumplen la función de epicentro de la presión cinegética, actuando como el principal punto de convergencia para el comercio de carne de bosque en la Isla de Bioko. Su funcionamiento ininterrumpido genera una demanda insostenible que incentiva la caza furtiva, incluso dentro de áreas protegidas de elevado valor ecológico. Además, en estos centros de comercialización convergen especies de primates y ungulados endémicos que están en peligro de extinción, y su extracción de los hábitats naturales que ocupan provoca un vacío ecológico, alterando procesos vitales como la dispersión de semillas y la regeneración de las selvas tropicales, que son cruciales para el equilibrio del ecosistema.
El impulso del consumo urbano agrava la problemática debido a la demanda de consumidores urbanos que están motivados por factores culturales y gastronómicos. Esta preferencia convierte la caza en una actividad rentable comercialmente, desplazando el carácter de subsistencia que históricamente predominaba en el aprovechamiento de fauna silvestre. La necesidad de realizar este estudio se justifica ante la ausencia de datos actuales y sistemáticos sobre las dinámicas de venta presentes en los mercados de Malabo. Sin una base científica que permita cuantificar el volumen y las tendencias de este comercio, se torna imposible diseñar políticas de manejo que pretendan equilibrar la seguridad alimentaria con la preservación irreversible del patrimonio natural de Guinea Ecuatorial.
Otro de los factores importantes es el mayor acceso a los bosques mediante la construcción de carreteras y el mayor volumen de transporte facilitado. Aunque los cazadores anteriormente se aventuraban a alcanzar las zonas más remotas del país para proveer producto a las comerciantes de los mercados, actualmente, con la construcción de una red más desarrollada de carreteras, junto con la adquisición de barcos, hay un transporte significativo de animales de bosque desde el lugar de extracción hasta los mercados en Malabo. Acompañando a esto, hay una insuficiencia de alternativas económicas y empleo. La escasez de oportunidades laborales estables en las zonas rurales y periurbanas de la isla iene como consecuencia que la población se dirija hacia la economía que se basa en lo extractivo. Este modelo lleva a que la caza y posterior venta de carne se conviertan en una de las pocas fuentes de ingreso que puedan considerarse rápidas y tangibles.
Por lo tanto, la presión sobre la biodiversidad no se limita a ser únicamente un problema ambiental, sino que es una consecuencia directa de la necesidad socioeconómica de familias que consideran la fauna silvestre como su único medio de subsistencia. Todos estos factores han contribuido al superávit económico de las mamás, participantes del comercio.
No obstante, también han impactado de forma negativa a la biodiversidad. La Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Biodiversidad y Recursos Ecosistémicos (IPBES, 2019) apuntó que, para erradicar los efectos adversos sobre la biodiversidad, es importante comprender y transformar los sistemas socioeconómicos que los originan, y uno de esos sistemas es el mercado de carne de bosque.
El enfoque utilizado para el análisis del estudio fue cuántico y también cualitativo. Se realizó un monitoreo exhaustivo de las carcazas que se comercializan en los principales puntos de venta de carne de bosque en Malabo (Mercado Semu, Fiston y el Puerto de Malabo). Esto arrojó un resultado total de 4,635 carcazas en el transcurso de un periodo de 4 meses, dando un promedio diario aproximado de 60 animales que son eliminados de los bosques. Esto ocurre a pesar de que uno solo necesita hasta media década para alcanzar la edad adulta. La comercialización abarca animales que también son traídos desde otros puntos del país.
En lo que respecta a las conclusiones del estudio, se identificó una amplia diversidad de especies que se comercializan, entre los cuales se encuentran mamíferos, reptiles, aves y folidotos. Dentro de estos grupos, especialmente destacan los antílopes, pangolines, primates, roedores y serpientes, que no solo poseen importancia económica, sino también cultural. Su extracción descontrolada pone de manifiesto la presión creciente sobre la fauna silvestre, indicando la pérdida progresiva de biodiversidad en los bosques ecuatoguineanos.
El estudio permitió describir detalladamente el proceso de comercialización que comienza con cazadores ubicados en poblaciones rurales, continuando con transportistas marítimos y terrestres, y culminando con las vendedoras en la capital del país, quienes son principales gestoras del comercio. Se observó que el mercado opera principalmente de manera informal y carece de controles sanitarios ni fiscalización regular. En este contexto, las prácticas tradicionales de conservación, como el ahumado, quemado, congelado y presentación en fresco, están muy presentes.
Los precios varían según la especie, la época del año y la demanda, especialmente destacando los reptiles como los de mayor valor, siendo diciembre el mes que observa mayor presencia en los mercados de Malabo.
La actividad genera ingresos significativos: los cazadores obtuvieron beneficios de aproximadamente 2,5 millones de Francos CFA, mientras que las vendedoras obtienen alrededor de 3,2 millones, y los transportistas marítimos alcanzan 1,5 millones y los limpiadores de carne, con ganancias de alrededor de 145,000 Francos CFA mensuales, lo que evidencia la relevancia económica para numerosos hogares. No obstante, se constató que, aunque Guinea Ecuatorial dispone de un marco legal con la Ley 8/1988 de Fauna, la Ley 1/1997 de Bosques, la Ley 7/2003 de Medio Ambiente, y la más reciente Ley 6/2025 de Áreas Protegidas, junto al Decreto Presidencial nº 72/2007, la aplicación de estas normativas es todavía limitada. La débil vigilancia institucional, la carencia de recursos y la persistente demanda urbana dificultan la eficaz implementación de políticas de conservación.
En síntesis, la comercialización de carne de animales de bosque en Malabo constituye una actividad económica vital pero ambientalmente insostenible, la cual exige reforzar la gobernanza forestal o ambiental para lograr equilibrar las necesidades socioeconómicas con la conservación de la biodiversidad nacional.
En cuanto a las recomendaciones propuestas, resulta esencial que el Ministerio de Bosques y Medio Ambiente proporcione recursos humanos, tecnológicos y financieros suficientes a las instituciones ambientales como INDEFOR-AP, INCOMA. Esto permitirá reforzar la vigilancia en puntos críticos, como el Puerto de Malabo, los accesos terrestres y los mercados de Semu y Fistown. Se propone la creación de una plataforma digital nacional que centralice datos de cada distrito. Este sistema debería abarcar formularios electrónicos, georreferenciación, fotografías y estado de conservación de las especies, facilitando así la supervisión institucional y la generación de estadísticas oficiales que orienten decisiones de política pública.
Además, se recomienda implementar campañas permanentes dirigidas a colegios, comunidades y asociaciones de mujeres vendedoras. Estas campañas deben resaltar el valor ecológico de especies como pangolines o primates, ofreciendo información sobre los riesgos sanitarios asociados a la manipulación de carne de fauna silvestre, y promoviendo hábitos de consumo sostenibles.
La colaboración con medios de comunicación y líderes comunitarios será clave para maximizar el impacto de estas acciones.
Se deben promover alternativas de ingresos distintos al comercio de carne de bosques, tales como la ganadería menos, piscicultura, agricultura sostenible, ecoturismo en áreas protegidas, y programas de microcréditos para fomentar actividades económicas más verdes.
Aunque el país cuenta con leyes relevantes como la Ley 8/1988 de fauna y la Ley 6/2025 de Áreas Protegidas, es necesario hacer revisiones de las sanciones, clarificar responsabilidades institucionales y actualizar las clasificaciones de especies según la lista roja de la UICN.
Igualmente, sería beneficioso incorporar disposiciones que regulen el transporte, almacenamiento, y venta de fauna silvestre, reforzando así un enfoque de sostenibilidad.
La importancia del país sobre este tema radica en la explotación faunística forestal, que se presenta como una de las principales fuentes de ingreso al igual que lo es la carne de bosque para las mamás de los mercados. Guinea Ecuatorial cuenta con bosques densos principalmente gracias a especies como los primates, los elefantes, y los recolectores de semillas como los roedores, que son actores clave para la regeneración natural de los bosques sean una gran fuente de ingresos para el país. No obstante, eliminarlos de su hábitat natural pone en riesgo los ingresos madereros del país y la economía de la sociedad civil (las mamás), ya que su negocio dejaría de ser sostenible a largo plazo.


