Una guía basada en evidencia, desarrollada por el Banco Mundial, sintetiza lo aprendido de más de 100 intervenciones globales para orientar la creación de políticas laborales efectivas.
Recientemente, el Grupo Banco Mundial, en colaboración con la Conferencia Mundial sobre el Mercado Laboral, presentó la guía titulada “Qué funciona para el trabajo”. Esta publicación surge como respuesta a una necesidad global urgente: con más de 2,000 millones de personas en empleos informales y precarios, los gobiernos requieren herramientas prácticas para actuar de manera inmediata. El documento sistematiza evidencia de más de cien programas alrededor del mundo, ofreciendo a los responsables de política un recurso para elegir intervenciones con mayor probabilidad de éxito.
Si bien es indiscutible que las reformas estructurales son fundamentales para el crecimiento del empleo a largo plazo, las soluciones de empleo directo (como los programas de mercado laboral activo) son vitales para atender necesidades apremiantes. La diferencia entre un programa que genera cambios y otro que no logra sus objetivos radica en principios de diseño concretos, respaldados por resultados medibles.
En primer lugar, los programas de alto rendimiento pueden generar efectos transformadores. Los de mejor desempeño en países de ingresos bajos y medios llegan a mejorar los ingresos o la empleabilidad entre cuatro y cinco veces más que las intervenciones comunes. Un caso ejemplar es el Programa del Fondo de Empleo de Nepal, que logró incrementar los ingresos de los participantes hasta en un 72%. Esto se consiguió mediante cursos de formación profesional cortos, muy enfocados en las demandas del mercado, y un modelo de pago a los proveedores de formación vinculado a resultados, como la colocación laboral efectiva de los aprendices.
Además, el impacto de estas intervenciones puede extenderse mucho más allá de su periodo de ejecución. Evidencia recopilada de múltiples evaluaciones indica que los beneficios en empleo o ingresos pueden persistir entre tres y diez años. Jóvenes en Acción, en Colombia, ilustra este punto. Combinó tres meses de formación con tres meses de práctica laboral y un estipendio. Las instituciones recibían pago al colocar a los estudiantes en empleos. El resultado fue un aumento de cuatro puntos porcentuales en el empleo formal, efecto que se mantuvo incluso nueve años después.
Igualmente importante es que las soluciones bien concebidas demuestran una alta rentabilidad. Muchas ofrecen un retorno económico que supera con creces la inversión inicial. El Proyecto de Empleo y Oportunidades para Jóvenes de Kenia, que entregó subvenciones y capacitación para microempresas, aumentó los ingresos anuales por beneficiario en 387 dólares. Este resultado representó una Tasa de Retorno Económico Interno del 100%, permitiendo recuperar los costos del programa en menos de un año.
Por último, es posible lograr avances significativos incluso en condiciones complejas. La fragilidad, los conflictos y la violencia no son obstáculos insuperables si el diseño del programa se ajusta al contexto. El Programa de Capacitación en Habilidades Comunitarias en el norte de Nigeria, una región afectada por conflictos, consiguió elevar el empleo entre un 35% y un 40%, las ganancias por cuenta propia en un 38% y los ingresos del trabajo asalariado en un 55%.
En síntesis, los programas que dejan una huella perdurable suelen compartir cinco características: están adaptados al contexto local, tienen un alcance integral, diseñan incentivos adecuados para todos los actores, involucran activamente al sector privado y se integran con sistemas de protección social.
Para los gobiernos de países con recursos limitados y presión por crear puestos de trabajo, esta guía funciona como un recurso operativo. Proporciona ejemplos concretos, un catálogo de programas adaptables y una metodología paso a paso para transformar las inversiones en empleo en mercados laborales más productivos, inclusivos y con capacidad de recuperación ante futuros desafíos.
Fuente: blogs.Worldbank


