El empresario nigeriano Aliko Dangote prevé que la mayor parte de los países africanos podrá cubrir sus necesidades de combustible con petróleo procesado dentro del propio continente para 2030, en un contexto marcado por la elevada dependencia africana de las importaciones de productos refinados.
El multimillonario nigeriano Aliko Dangote afirmó este martes en Nairobi que «para 2030, la mayoría de los países africanos serán autosuficientes en combustible», durante un encuentro con periodistas celebrado un día antes de la colocación de la primera piedra de una nueva refinería en Kenia.
El proyecto, impulsado por el Grupo Dangote, contempla la construcción de una refinería en Lamu, en la costa noreste de Kenia, con una capacidad prevista de 700.000 barriles diarios. La ceremonia de colocación de la primera piedra está prevista para este miércoles.
Según las estimaciones de Dangote, la inversión alcanzará los 6.000 millones de dólares y las obras tendrán una duración aproximada de 30 meses.
La iniciativa se produce en un continente que, pese a producir varios millones de barriles de petróleo al día, todavía importa una parte significativa de los combustibles que consume. Un informe reciente de la Corporación Financiera Africana (AFC) señala que alrededor del 70% del combustible consumido en África procede actualmente de importaciones.
«Da igual dónde se refine el combustible, siempre y cuando sea en suelo africano», declaró Dangote al ser preguntado por la perspectiva de una mayor capacidad de refinación en el continente.
La AFC estima que las necesidades de importación de combustibles de África podrían aumentar considerablemente durante las próximas décadas. El organismo calcula que, para 2040, las importaciones podrían alcanzar aproximadamente el triple de la capacidad de la refinería del Grupo Dangote en Nigeria, considerada actualmente la mayor del continente.
Crudo para la refinería de Lamu
Uno de los interrogantes planteados en torno al proyecto de Kenia es el origen del petróleo que abastecerá la futura instalación, dado que varios países de África Oriental todavía se encuentran en las primeras etapas de explotación de sus reservas.
Dangote explicó que la refinería podrá recibir crudo procedente de distintas fuentes fuera de la región y estará preparada para aprovechar posteriormente la producción de países como Kenia, Tanzania o Mozambique cuando estos alcancen mayores volúmenes.
«¿Vamos a esperar a que África albergue a una cuarta parte de la población mundial antes de empezar a pensar en qué hacer? Necesitamos abordar el problema ahora», afirmó.
El empresario considera que los 700.000 barriles diarios previstos para la refinería representan solo una parte de las necesidades energéticas futuras del continente. «Cuando hablamos de 700.000 barriles al día, en realidad no es mucho», señaló, al tiempo que destacó que el proyecto podría convertirse en un punto de partida para el desarrollo de nuevas industrias alrededor de la infraestructura.
«Esta refinería no es lo único que vamos a hacer aquí, es solo el principio. Verán la cantidad de industrias que surgirán en torno a la refinería», añadió.
Más transformación de materias primas
Dangote defendió también una mayor industrialización de África y una reducción de la dependencia de las exportaciones de materias primas sin transformar.
«El mayor problema es que nosotros, los africanos, exportamos materias primas a quizás entre el 5% y el 10% de su valor final, y luego terminamos comprando los productos terminados al 100% de su valor», afirmó.
En su opinión, esta estructura comercial también tiene un impacto directo sobre el empleo. «Nosotros, los africanos, exportamos empleos, porque al seguir exportando materias primas, creamos empleos allí. Y cuando compras productos terminados, importas pobreza, porque en realidad no estás creando ningún empleo aquí», sostuvo.
El proyecto de Lamu también ha generado oposición por parte de algunos grupos locales y medioambientales. Familias de la zona han presentado demandas relacionadas con sus tierras, mientras organizaciones ecologistas han expresado preocupación por el posible impacto de la infraestructura sobre el ecosistema costero.


